L.A. Witch- DOGGOD

$550.00

Hay existencias

L.A. Witch siempre ha irradiado un aura de sofisticación natural, ya sea manifestada en el rock and roll lacónico y minimalista de su álbum debut homónimo o en el audaz y austero aventurerismo de su segundo disco, Play With Fire. La banda, compuesta por Sade Sanchez (guitarra/voz), Irita Pai (bajo) y Ellie English (batería), comenzó como un proyecto informal, pero sus sensuales y cautivadoras canciones, envueltas en reverberación, calaron hondo, llevando el proyecto más allá del círculo de amigos y colegas de la banda en el sur de California, hacia un público más amplio. En su último álbum, DOGGOD, el trío expande su arte más allá de sus límites creativos y geográficos anteriores, optando por grabar el material en París, en el estudio Motorbass de la Rue des Martyrs. DOGGOD explora terrenos sonoros más amplios, emplea un arsenal de tonos mayor y profundiza en temas existenciales y cósmicos, todo ello sin perder la característica sensación de lo prohibido, lo abandonado y lo premonitorio que define a la banda.

DOGGOD es una forma de abordar el enigma universal que se entrelaza con la naturaleza espiritual del amor y la devoción. «Me siento como una especie de sirviente o esclavo del amor», dice Sánchez. «Hay una disposición a morir por amor, ya sea sirviéndolo, sufriendo por él o buscándolo… como lo haría un perro fiel y devoto». El título del álbum es un palíndromo que fusiona DOG (perro) y GOD (dios): una exaltación de la sumisión y una subversión de lo divino. Es un guiño a la pureza de los perros y un reconocimiento de su amor incondicional y su naturaleza protectora, que contrasta con los diversos términos peyorativos asociados a la especie. “Existe una conexión simbólica entre las mujeres y los perros que expresa la posición subordinada de la mujer en la sociedad”, explica Sánchez. “Y nada que encarne tales características divinas mereció ser usado como insulto”.

Estas exploraciones conflictivas del amor y la sumisión se manifiestan en la fusión que L.A. Witch hace de su característica alquimia garage, suave y ahumada, con una nueva utilización de la reserva disciplinada y la instrumentación gélida del post-punk. El tema que abre el álbum, “Icicle”, muestra a la banda transitando desde el proto-punk, la psicodelia y los riffs crudos de los 70 hacia las guitarras con coros estribillos y el minimalismo melancólico de Joy Division y los primeros The Cure. Se establece un paralelismo entre el suicidio romántico y el martirio que se extiende a la segunda canción, “Kiss Me Deep”. Aquí, Sánchez describe un amor tan puro que trasciende el tiempo y perdura a través de múltiples vidas. Es una canción sobre la pasión, expresada con el estoicismo mundano y herido de los primeros pioneros góticos. A partir de ahí, la banda enlaza con el primer sencillo, “777”, una canción sobre la devoción hasta la muerte. Un ritmo enérgico, un riff distorsionado y potente, y la voz etérea de Sánchez se unen para crear una canción que es a la vez sombría en su fatalismo y sensual en su pasión incondicional.

A lo largo de todo DOGGOD, L.A. Witch nunca se desvía de su inspiración. En “I Hunt You Pray”, Pai despliega un hipnótico pulso de bajo mientras English emplea un ritmo krautrock cíclico y Sánchez pinta la imagen de un perro abandonado al borde del camino, solo en la noche, viviendo como cazador y presa a la vez. En “Eyes of Love”, la banda aprovecha la repetición meditativa a medio tempo, los acordes deconstruidos y las reflexiones esotéricas sobre el amor, la muerte y la espiritualidad que hicieron de Lungfish una banda tan querida. Refuerza el paralelismo entre el amor inquebrantable que se ve en los ojos de un perro y el autosacrificio de un salvador. En “The Lines”, la banda toma el pulso propulsor del post-punk y le añade una dosis extra de coro a la mezcla. “El coro es un efecto moderno que surge de la idea de replicar las ligeras discrepancias de tono de un coro. Hay una cualidad brillante que nos conecta con esta sensación espiritual y divina”, explica Sánchez. Junto con la adición del órgano y aplicada a una melancólica melodía en clave menor, la canción evoca simultáneamente lo sagrado y lo sacrílego. La canción que da título al álbum, “DOGGOD”, guarda quizás el mayor parecido con el material que se encuentra en el álbum anterior, Play With Fire, enfrentando guitarras crudas y agresivas con una sección rítmica enérgica y voces oníricas. Pero mientras que su álbum anterior era un llamado a forjar el propio camino, «DOGGOD» se adhiere al tema del álbum «hasta que la muerte nos separe», llegando incluso a describir un nivel de sumisión que roza lo peligroso y lo malsano, con Sánchez cantando «cuélguenme de una correa / hasta que espere mi liberación».

En definitiva, DOGGOD es una perfecta síntesis del enfoque de L.A. Witch. Es a la vez romántico y amenazante, reverente y profano, una celebración y un lamento. Encuentra el hilo conductor entre el pasado y el presente, tomando sonidos familiares y reinventándolos para la era moderna. Pero también anuncia una nueva era para la banda, mirando más allá de los recuerdos Kodachrome de la América de mediados de siglo y profundizando en la atmósfera medieval y gótica.